TRASTORNO BIPOLAR

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TRASTORNO BIPOLAR

Mensaje  yaky42 el Miér Feb 18, 2009 9:40 pm

AL PRINCIPIO

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Después de diez años encontrándome mal, los dos últimos fatal, me diagnosticaron un trastorno bipolar, una enfermedad difícil de explicar. Porque afecta a las emociones, emociones que escapan al control del bipolar.

Uno puede tener sospechas, y yo lo supe después de la Manía, pero siempre es un psiquiatra quien debe diagnosticar y tratar la enfermedad.

Llevaba ya 10 años en tratamiento con un diagnóstico de depresión, con bajas laborales esporádicas de las que salía cuando ciclaba a hipomanía, pero yo consideraba ese estado "estar bien", nada conocía de bipolaridad entonces, porque a veces me levantaba un día y no podía, no Podía Existir.

Creía que estaba sola en esto, desamparada, muchas veces al límite de tirar la toalla.

EL DIAGNÓSTICO: EL DESPUÉS

En verano del 2003 vino el diagnóstico, después de un episodio de Manía. La manía es muy difícil de entender y en el lenguaje coloquial un maníaco es el malo de la película, y esto no es cierto del todo, lo que intenté relatar en este post.

El bipolar cicla, cicla de un polo a otro, y el otro polo es la depresión, donde se pierde la autoestima y tengo ideas negativas, y fobias, y un aislamiento que no es fácil romper cuando no tengo directamente ganas de morir.

Tener esta enfermedad me obliga a medicarme. Diariamente tenía y ahora alguna vez sigo teniendo muy puntualmente ataques de angustia o pánico y por eso tengo limitaciones en cuando a tóxicos, en especial el café y otros excitantes.

Y lo que llaman "tóxicos" también son drogas: coca, porros, tranquilizantes... en mi caso, tuve un problema con el alcohol. He contado esta experiencia con más detalle, por si puede ayudar a otros a reconocerse en esa situación, porque solemos negarlo, y lo primero que hay que hacer es reconocer que tienes un problema con las sustancias. Porque las usamos tanto para potenciar nuestros estados de ánimo altos (estoy feliz y quiero más), o para olvidar las penas en depresión, pero no nos ayuda en realidad.

No soy ni fui una alcohólica, los psiquiatras saben que son cuadros asociados al trastorno, y por eso le llaman "abuso de sustancias". No me costó dejarlo, porque no era alcohólica. Ya no bebo alcohol, ni quiero hacerlo. Sí soy fumadora, y fumo mucho, pero he de dejarlo una vez consolide mi estabilidad y con ayuda de mi psiquiatra.

Lo pasé muy mal tras el diagnóstico, tuve que ponerme en manos de mi familia porque entré en episodio mixto, era incapaz de cuidarme, de dormir a mis horas, de hacerme la comida, y tenía síntomas muy molestos, como el no aguantarme a mí misma, la irritabilidad, la muy insoportablemente molesta hipersensibilidad.

Madre me cuidó durante más de un año y eso no tiene agradecimiento posible, sólo que vea y crea que he mejorado.

He intentado informar a la familia con éxito relativo, porque la comprensión de la enfermedad es muy difícil y se tiende a confundir con la personalidad, si toda la vida has tenido síntomas pero no has estado tan mal como para que te diagnostiquen.

Por ello, si tengo apoyo de familia y amigos, me siento mucho mejor, pero en el fondo lo que cuenta es que yo sea capaz de cuidarme, que tenga una responsabilidad conmigo misma.

El primer paso para remitir creo (o me han enseñado, está todo ya mezclado)que consiste en tomar conciencia de la enfermedad, ver que hay un antes y un después en tu vida y tener una actitud positiva, nada de autocompasión o pena y recuperar la autoestima con o sin ayuda de una terapia complementaria que yo he seguido, porque es algo que solemos perder cuando estamos en depresión o simplemente la medicación nos hace engordar y el espejo no miente.

Es normal que tras el diagnóstico uno se plantee que esta enfermedad tiene antecedentes en la familia y que en mi propio caso ya viene de lejos, quizá desde la infancia, seguramente desde la adolescencia. Yo detoné con fuerza a los 25 años, y pasé 10 ciclando sin enterarme, ¿quién sabe que está enfermo?

He tenido el apoyo de mis amigos en lo más duro de la enfermedad. Muchos bipolares pierden a sus amigos, parejas, etc. por actos y palabras que no fueron medidos a causa de la propia enfermedad.

Los grupos de apoyo de otros afectados ayudan mucho a ver cómo es la enfermedad en la realidad y algunas estrategias válidas para sobrevivir con ella. Son muy numerosos, pues también lo somos en el conjunto de la sociedad. Un arma muy importante para controlar la enfermedad es la información que allí recibimos de mano de otros que han pasado por lo mismo, y que son el ejemplo vivo de que se puede salir, remitir.

Participo en un grupo de apoyo en Internet, que de vez en cuando convoca reunión en un bar en Madrid.

Pertenezco a la ABC (Associació de Bipolars de Catalunya), que entre otras actividades, organiza también encuentros informales de gran valía para el recién diagnosticado.

Una vez diagnosticados y en tratamiento, con más información y estabilizados, es inevitable echar una mirada al pasado y arrepentirse de casi todo, que la culpa nos domine y que caigamos en un bucle... a mí me ayudó mucho en eso mi psicólogo.

Incluso es común el echar de menos ciertas emociones y capacidades "especiales" que parecemos haber perdido, el echarnos de menos.

Esta enfermedad no es nueva, y hay mucha gente que la tiene y la ha tenido a lo largo de la historia, muchos famosos incluso. Lo que sólo demuestra que fueron gente que pusieron su grano de arena en la civilización y en la sociedad.

De hecho, se calcula que cerca de un 2% de la población tiene bipolar, y somos gente que tratas a menudo, como escribí en este post del que estoy especialmente satisfecha.

Hay clichés sobre cómo somos. Yo creo que somos seres de gran sensibilidad y gran capacidad de empatía.

Porque bipolar es una enfermedad que afecta a las emociones, no al intelecto, aunque sí le afecta la medicación, el estar zombi. Por esta razón, lo que peor llevo son los efectos secundarios.

He escrito sobre muchos temas, en especial sobre los primeros momentos, que son los más duros. Hay que acudir a un psiquiatra cuando uno sospecha, cuando uno sufre y no sabe por qué. El diagnóstico es casi un alivio, después de mucho sufrir y sentirse diferente de los demás, porque abre la puerta al tratamiento y por tanto a la remisión, o eutimia, ausencia de síntomas entre fases.

Cuando un miembro de la familia enferma, toda la familia lo hace. Mis padres han sufrido mucho y a ellos les dediqué este escrito emotivo.


He estado ingresada dos veces. El primer ingreso, por intento de suicidio, iba a hacerlo pero un miembro del grupo de apoyo me rescató. Fue una experiencia traumática hasta cierto punto. Pedí el alta voluntaria después de 13 días. El segundo ingreso fue solicitado por mí misma cuando le vi las orejas al lobo de nuevo y no quise esperar, y me vino bien. Aunque no soy creyente, allí charlé con una monja que me aclaró algunas cosas: el enfermo mental como unser humano.

Un ingreso no es ninguna broma, hay muchas normas o debería haberlas en los psiquiátricos, todo por seguridad. Porque cuando se ingresa, es porque se ha entrado en crisis, y se necesita tratamiento y supervisión constante.
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